Un crédito fiscal es, en pocas palabras, una cantidad de dinero que, según la autoridad, le debes al fisco: puede ser por impuestos no pagados, multas, recargos o alguna combinación de estos conceptos. Cuando ese crédito ya está determinado y notificado, y no se paga ni se impugna a tiempo, empiezan a activarse una serie de consecuencias que conviene conocer para no llevarte sorpresas desagradables.
Lo que puede pasar si no haces nada
Lo primero que suele ocurrir es que el crédito genera recargos y actualizaciones, es decir, la cantidad original va creciendo con el paso del tiempo. Esto significa que entre más tardes en atender la situación, mayor será el monto a pagar. No es que la autoridad “castigue” con intereses altísimos de la nada, sino que la ley contempla que las cantidades se actualicen conforme pasa el tiempo, precisamente para desincentivar que la gente postergue sus pagos indefinidamente.
Si el crédito sigue sin pagarse, la autoridad puede iniciar lo que se conoce como el procedimiento administrativo de ejecución, que es la vía legal para cobrar de forma forzosa. Esto puede incluir el embargo de bienes, cuentas bancarias o, en algunos casos, ingresos, siempre siguiendo el procedimiento que marca la ley. Es una etapa que genera mucha angustia, pero que también tiene reglas y límites que deben respetarse.
Las alternativas que sí existen
Lo primero que hay que dejar claro es que “no pagar y esperar a ver qué pasa” casi nunca es la mejor estrategia. Existen alternativas legales que muchas personas desconocen. Por ejemplo, es posible en ciertos casos solicitar el pago en parcialidades o diferido, de manera que el adeudo se cubra en montos más manejables en lugar de una sola exhibición.
También existe la posibilidad de impugnar el crédito fiscal si consideras que no está bien determinado, que hubo errores en el procedimiento, o que ya operó la caducidad o algún otro supuesto que lo invalide. No todos los créditos fiscales están correctamente calculados o notificados, por lo que antes de simplemente resignarte a pagar, vale la pena una revisión.
Pensemos en un caso hipotético: una persona recibe la notificación de un crédito fiscal por un monto que le parece muy elevado en comparación con lo que realmente debería. En lugar de ignorar la notificación (lo cual solo empeora las cosas) o pagar de inmediato sin revisar nada, lo recomendable es analizar el origen del crédito, verificar si el cálculo es correcto y evaluar qué alternativas legales existen antes de que avance el procedimiento de cobro.
